sábado, 2 de mayo de 2026

TRADUCIENDO LO QUE SOY

 Sentirse incomprendida es como hablar en un idioma que nadie más parece reconocer. Dices lo que sientes, lo que piensas, lo que te duele… pero las miradas que recibes no reflejan entendimiento, sino distancia. Es una soledad distinta, más profunda que estar físicamente sola, porque ocurre incluso cuando estás rodeada de gente.

A veces te preguntas si el problema está en cómo te explicas, si deberías simplificarte, hacerte más “fácil” de entender. Otras veces sientes que no, que no deberías reducirte para encajar en la comprensión de otros. Y en ese tira y afloja se va desgastando algo por dentro: las ganas de expresarte, la confianza en que alguien realmente escuche. Lo más duro no es solo que no te entiendan, sino la sensación de que, si fueras completamente tú, tal cual eres, no habría un lugar donde eso encaje del todo. Y aun así, dentro de ese vacío, sigue existiendo una necesidad muy humana: ser vista, ser escuchada, ser comprendida sin tener que traducirte constantemente.

Quizá lo más valiente en medio de todo eso es no dejar de ser quien eres, incluso cuando parece que nadie logra descifrarte del todo. Porque, tarde o temprano, alguien no solo escuchará tus palabras, sino que entenderá el idioma en el que realmente están escritas


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