Hay una tristeza difícil de explicar cuando sientes que tus palabras llegan a alguien, pero tus emociones no. No se trata de que estén siempre de acuerdo contigo ni de que tengan todas las respuestas; se trata de sentir que lo que llevas dentro encuentra un lugar donde ser escuchado y comprendido.
Últimamente siento que camino con mis sentimientos en las manos, intentando mostrarlos con sinceridad, pero sin encontrar la empatía que necesito al otro lado. Y esa ausencia pesa. Porque cuando compartimos nuestra vulnerabilidad, esperamos compañía, comprensión y un poco de refugio emocional.
No es la falta de amor lo que más duele, sino la sensación de estar sola incluso cuando hay alguien a mi lado. De explicar una y otra vez cómo me siento y seguir percibiendo una distancia que ninguna palabra consigue acortar.
Todos necesitamos sentirnos vistos, escuchados y comprendidos. Y cuando eso falta, el silencio que queda entre dos personas puede resultar mucho más doloroso que cualquier discusión.






